La Leche es una secreción glandular de las mamas de todos los mamíferos hembras, destinada a alimentar a sus crías en las primeras etapas de su vida.

Pero cuando las crías pueden alimentarse por sí mismas de una manera autónoma, nunca mas volverán a ingerir la leche.

El ser humano es el único mamífero que infringe esta norma: sigue consumiendo leche durante toda su vida, con el agravante de que procede de otras especies. Cada especie posee una leche con una composición única para alimentar a las crías de esa especie, aunque coincida el color blanquecino. La leche humana está hecha para el metabolismo humano. Los niños, a partir del destete, a los 2-3 años, van perdiendo progresivamente, la enzima que permite digerir la lactosa de la leche. Además, la leche sirve de vehículo de transmisión entre madre y bebe de hormonas, anticuerpos y otros factores inmunológicos.

El contenido en grasas y proteínas de la leche de vaca resulta excesivo para el ser humano, y las proporciones de glucidos y minerales también son distintas.

No hace mucho tiempo, el consumo de leche natural era habitual en las zonas rurales. Actualmente todos los productos lácteos han sido sometidos a procesos de transformación y conservación. Los procesos de esterilización – pasterización, etc., se nos vende como una medida de seguridad, porque elimina los gérmenes. Pero estos procesos no higienizan, ya que la leche continua igual de sucia, con pus, con sangre, antibióticos y hormonas. Transforman sus cualidades, convirtiéndola en un producto muerto. Con lo cual, se hace menos perecedera para que dure en los almacenes durante muchos meses, EVITANDO PERDIDAS ECONÓMICAS. La máxima expresión de esto es separarla en sus ingredientes o transformarla en leche en polvo. Los procesos de esterilización basados en calor, alteran las sustancias nutritivas (proteínas, vitaminas, enzimas…), y junto con los aditivos que se incorporan, solo consiguen agravar el problema.

Por otro lado, la industria Láctea está constantemente renovando su línea de productos, e intentando captar nuevos mercados, aplicando técnicas publicitarias agresivas. Entre estos productos existe una amplísima gama. Es curioso observar como han ido intentando salvar los problemas que acarrean haciendo modificaciones para que se adapten a las necesidades nutricionales de cada individuo: “si la leche entera es mala para el colesterol…inventamos la leche descremada; si la descremada parece agua, entonces creamos la semidesnatada; si al desnatar pierde las vitaminas liposolubles, añadimos Vit. A y D; si hay riesgo de osteoporosis, le agregamos calcio; si hay mas colesterol, ponemos Omega-3 (aceites procedentes del pescado), si tiene mala digestión, leche baja en lactosa; si necesita fibra, leche con fibra; niños en período de crecimiento, leche con 12 vitaminas y minerales”.  Hemos visto que lo que nos venden es un producto industrial, y no natural, con sus “supuestas” virtudes.

Según unos estudios realizados científicamente, el consumo de lácteos puede crear problemas de salud, relacionados con las proteínas, el azúcar, la grasa y los contaminantes que contienen. La leche de vaca produce más mucosidad que cualquier otro alimento, obstruyendo el aparato respiratorio e invitando a la enfermedad. El asma, la bronquitis, la sinusitis, los resfriados y las infecciones de oído. También son la causa principal de las alergias. Se ha comprobado que cuando se tiene alguna de estas enfermedades, si el paciente cesa de consumir lácteos, mejora su salud.

Un grupo estadounidense de médicos independientes, el PCRM (Comité de Médicos por una Medicina Responsable), aporta algunas razones basadas en estudios científicos para eliminar los lácteos de la dieta:

  • Paradójicamente, un problema muy relacionado con los lácteos es la osteoporosis (perdida de densidad de los huesos)
  • Los lácteos aportan cantidades importantes de colesterol y grasa a la dieta, que pueden aumentar el riesgo de diversas enfermedades cardiovasculares
  • Diversos tipos de cáncer han sido relacionados con el consumo de lácteos, como el de ovario (por la incapacidad de descomponer la galactosa), y los de mama y próstata (presumiblemente asociados al aumento de una sustancia que contiene la leche, llamada IGF-1 o factor de crecimiento similar a la insulina)
  • La diabetes dependiente de la insulina (tipo I o inducida en la infancia) esta asociada al consumo de lácteos. Estudios epidemiológicos de diversos países muestran una fuerte correlación entre ella y el uso de lácteos
  • La intolerancia a la lactosa es común en muchas personas, especialmente entre los de razas no caucásicas. Los síntomas, que incluyen molestias gastrointestinales, diarrea y flatulencia, suceden porque estos individuos no poseen los enzimas que digieren la lactosa.

El consumo de leche puede que no proporcione una fuente consistente y fiable de vitamina D. En los muestreos de leche se han encontrado variaciones significativas en el contenido de Vit. D, con algunas muestras que presentaban hasta 500 veces el nivel indicado, mientras que otras poseían poca o ninguna. Un exceso de Vit. D puede ser toxico y puede provocar niveles excesivos de calcio en la sangre y en la orina, una absorción superior de aluminio por el organismo, y depósitos de calcio en los tejidos blandos.

Se suelen utilizar comúnmente hormonas sintéticas para las vacas lecheras, con el fin de aumentar la producción de leche. Debido a que las vacas están produciendo cantidades de leche que la naturaleza jamás había previsto, el resultado obtenido es la mastitis, o inflamación de las glándulas mamarias de la vaca. Su tratamiento requiere el uso de antibióticos, y se han encontrado restos de ellos y de hormonas en muestras de leche y otros derivados. Los pesticidas y otros medicamentos también son contaminantes frecuentes en los lácteos.

Las proteínas, el azúcar, la grasa y la grasa saturada de los lácteos, pueden representar riesgos de salud para los niños y conducir al desarrollo de enfermedades crónicas, tales como la obesidad, diabetes, y formación de placas arterioscleróticas, que pueden desarrollarse en problemas cardiovasculares.

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los bebés menores de 1 año, no reciban leche entera de vaca, ya que la deficiencia de hierro es más probable con una dieta rica en lácteos. Uno de cada cinco bebés sufre cólicos. Los pediatras descubrieron hace tiempo, que la leche de vaca era a menudo la razón. Además, las alergias a los alimentos parecen ser un resultado común del consumo de leche, particularmente en los niños.

Y con respecto al calcio, sabemos que ningún animal en estado libre, consume leche en su vida adulta. Y a pesar de ello, no suelen sufrir deficiencias de calcio. Porque las dietas que hacen, ya les proporcionan todos los nutrientes que necesitan para desarrollarse saludablemente. De forma instintiva saben que deben comer y están preparados para extraer de esos alimentos todo lo necesario. El problema lo tiene el ser humano, que ya ha olvidado esa referencia instintiva y hace una dieta desnaturalizada, incorporando un exceso de ciertos factores y careciendo de otros importantes.

Pero en relación al calcio, todo se ha construido en torno a un mito infundado que asocia la falta de calcio en el organismo con la falta de calcio en la dieta. Lo cierto es que nada mas lejos de la realidad: por mucho calcio que se añada a la dieta, si los hábitos de vida en conjunto, son incorrectos, las pérdidas de calcio seguirán representando un problema. Y al contrario: muchos pueblos indígenas con unos niveles relativamente bajos de calcio en su dieta, obtienen suficiente calcio para mantener sus huesos fuertes siempre, gracias a su estilo de vida global.

En este sentido, existen ciertos estudios que arrojan resultados destacables. El estudio de salud de las Enfermeras de Harvard que siguió a mas de 75.000 mujeres durante 12 años, mostró que el aumento del consumo de leche, no tiene un efecto protector sobre el riesgo de fracturas. De hecho, el consumo superior de calcio procedente de los lácteos está asociado a un mayor riesgo de fracturas.

Por otro lado, tenemos el Estudio de Nutrición Cornell-Oxford-China, conocido como Proyecto China por haber sido realizado en China Continental y Taiwán. Es un estudio masivo sobre más de 10.000 familias, diseñado para analizar su dieta, el estilo de vida y las enfermedades, a lo ancho de las lejanas áreas rurales de China. Mediante la investigación simultánea de más enfermedades y más características dietéticas que ningún otro estudio hasta la fecha, el proyecto ha generado la base de datos más completa del mundo sobre las múltiples causas de la enfermedad. En este estudio se observo que los chinos, que tradicionalmente nunca habían consumido lácteos, y en general su ingesta de calcio es baja, presentan un riesgo muy inferior de osteoporosis, y las fracturas de cadera son poco frecuentes.

Todo apunta a que los lácteos no ayudan a mantener huesos fuertes. Se puede reducir el riesgo de osteoporosis, reduciendo el consumo de sodio y la proteína animal, y aumentando el consumo de frutas y verduras, haciendo ejercicio, y asegurando un adecuado consumo de calcio procedente de vegetales tales como las hortalizas de hojas verdes, las legumbres y los frutos secos. Por ejemplo, una ración de brócoli contiene tanto calcio aprovechable como un vaso de leche, además de muchos otros nutrientes saludables.

El hecho de renunciar al consumo de leche puede acarrear solo problemas sociales o psicológicos, pues en el entorno en el que vivimos, se da un uso indiscriminado de los lácteos, que se han introducido en las costumbres familiares y forman parte de la mayoría de los alimentos elaborados actuales. Renunciar a ellos puede dar la impresión de no poder consumir casi ninguno de los alimentos que solíamos consumir hasta ahora, y de restringir enormemente nuestra variada dieta. La solución esta, una vez más, en utilizar nuestra imaginación, explorar nuevos alimentos y buscar sustitutos eficaces.

Cualquier persona que se preocupe por la salud, debe plantearse la cuestión de si el consumo de lácteos es realmente indispensable. Existen muchos indicios para pensar que en realidad pueden perjudicar. La leche y sus derivados no son necesarios en la dieta, y tenemos formas de reemplazarlos por otros alimentos más saludables. Una dieta sin lácteos puede cubrir todas las necesidades nutritivas, sin ningún riesgo para la salud.

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Publicado en: Dietetica: Recetas

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